Santander, la novia del mar

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El cantante y compositor Jorge Sepúlveda bautizó a Santander como la “novia del mar” mediado el siglo pasado, e invitados por la OCPE (Asociación Cántabra de Empresas de Organización de Eventos y Congresos) tuvimos la oportunidad de acercarnos a orillas del Cantábrico para comprobar una ciudad cuyas primeras referencias históricas datan del 29 a.d.C. naciendo del impulso romano y de la mano de ese mar al que cantara Sepúlveda.

Es destacable desde la llegada el hecho de que el aeropuerto de Parayas se encuentre a cinco minutos del centro de la ciudad; si optásemos por volar vía Bilbao, cien kilómetros de autovía nos separan de la capital vizcaína y sus múltiples conexiones con los principales destinos europeos. La ciudad cuenta en la actualidad con un censo de 176.000 habitantes siendo capital de la Comunidad de Cantabria (casi 600.000 habitantes). Dispone de 3.373 plazas –en los hoteles de tres a cinco estrellas- y en los últimos años está realizando un considerable esfuerzo para potenciar la actividad de congresos ofreciendo el apoyo logístico imprescindible.

La belleza del entorno que rodea el casco urbano, asolado por un devastador incendio en 1941 que acabó con casi la totalidad de su centro histórico, no nos deja indiferentes.

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Desde la hermosa Bahía que baña la zona sur de la ciudad, hasta el Faro de Mataleñas, -a cuyos pies disponemos de un campo de golf municipal de gran encanto- pasando por el majestuoso Sardinero, la ciudad ofrece un gran escenario para realizar todo tipo de eventos de carácter congresual.

Disfrutamos de una amable bienvenida en el Hotel Chiqui, último edificio de la línea de costa en la ciudad, donde recibidos por las autoridades turísticas locales y regionales, conocimos el resultado de la cocina del establecimiento, con mención especial a la simpatía del chef durante una sesión de show-cooking y a la fabulosa calidad de los productos de su carta.

Nos alojamos en el Hotel Santemar, en el centro del turístico barrio de El Sardinero, a unos metros de sus playas y a apenas cinco minutos de nuestra primera visita, el Palacio Municipal de Exposiciones y sus más de seis mil metros destinados a la organización de congresos y eventos: unas magníficas instalaciones con espacios llenos de matices y donde la comodidad y la luz son protagonistas. Sin alejarnos demasiado del Sardinero, a mitad de camino del centro de la ciudad, encontramos rodeada de bosques y acantilados la señorial silueta del Palacio de la Magdalena, la residencia de verano del monarca Alfonso XIII, propiedad municipal desde 1976 y sede de celebración de cursos, reuniones y congresos en el ámbito internacional. En verano acoge los prestigiosos cursos de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en el entorno bellísimo de la península que acoge al Palacio y su bosque, playas, embarcaderos…

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Sin escapar nunca de la vigilancia de la bahía y de sus playas, el olor a salitre nos acompaña hasta el vanguardista Palacio de Festivales de Cantabria, catalogado como uno de los mejores espacios escénicos del país y enclavado en un entorno de antiguos astilleros remodelado recientemente para la celebración del Mundial de Vela en 2014. Obra del arquitecto Sáenz de Oíza, el edificio da cabida a todo tipo de eventos, tanto culturales como congresuales ya que dispone de varios salones de actos, zonas de exposición, salas de reuniones y despachos. Cuenta con un servicio de cafeterías donde descansar tras una intensa jornada de conferencias. Dotado de cuatro salas, el Palacio, ofrece amplias y funcionales instalaciones, con la posibilidad de utilizar también el cercano Centro de Alto Rendimiento de Vela para nuestros eventos.

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Llegado el momento del merecido descanso, aprovechamos otro de los puntos fuertes de la ciudad y la región: una excepcional gastronomía, ofrecida en este caso por uno de los establecimientos con más solera en el centro de la ciudad, el premiado Mesón Riojano donde protagonizamos una sesión de maridaje entre las carnes y pescados de la tierra y los vinos cántabros de reciente elaboración. Tras la atenta recepción en el Ayuntamiento donde el Alcalde explicó la apuesta de la ciudad por el turismo, la cultura y el desarrollo tecnológico, llegó la hora del paseo en barco por la Bahía para disfrutar de las vistas de la ciudad y comprobar el desarrollo de las obras, al borde mismo del muelle y volando incluso sobre las mareas, de lo que se pretende sea un referente mundial de la cultura: el Centro de Arte Botín, obra del arquitecto Renzo Piano y cuya finalización está prevista para 2016.

Con la caída de la tarde, llegamos en un tranquilo paseo hasta las cercanías del Hotel Real -que goza de las mejores vistas de la ciudad sobre la bahía- para celebrar la cena en la terraza del Restaurante De Luz, donde tres plantas con 380 metros cada una para acoger celebraciones y eventos en sus diferentes salones, tuvieron en nuestro caso el resultado de una velada agradable al aire libre disfrutando del aroma de los más de quinientos rosales del jardín.

Aprovechamos las últimas horas en la ciudad para pasear por la zona comercial y visitar el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo y la Biblioteca Menéndez Pelayo, símbolos ambos de la vida cultural de los santanderinos y para cumplir con una de las tradiciones locales más arraigadas: tomar unas rabas de calamar fresco para llevar con nosotros de vuelta el inconfundible sabor del mar santanderino.

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Oscar Sañudo

 

Más información:

OPCE Cantabria

www.opcecantabria.es

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