Puro Oeste Americano

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EN LA TIERRA SAGRADA DE LOS NAVAJO.

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Avanzando por la carretera estatal 40 vamos de camino a la Reserva india navajo capturado por un arrebato de eléctrica emoción. Hemos dejado la ciudad de Alburquerque al romper el alba. Nos dirigimos hacia el corazón de la tierra de los navajo, en un destartalado “pick up” conducido por un hombre que hubiera impactado en cualquier casting de John Ford: nariz de águila, cejas hirsutas y pegadas, pómulos salidos y unos ojos pequeños y brillantes. No se llama Gerónimo, Alce Negro, ni Mangas Coloradas.

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— Jock- me dijo cuando vino a buscarme al hotel.

— ¿Solo eso? – le pregunté para romper un poco el hielo.

 

La sonrisa que esperaba no se dibujó en sus labios. Se limitó a afirmar con la cabeza y salimos disparados hacia el desierto…

Jock era uno de los guías más capaces con quien recorrer la Reserva Navajo. El adjetivo “reservado” es el rasgo que mejor define su personalidad. Mastica chicle con gravedad rumiante, lleva unas intimidantes gafas de sol y cuando llevamos una hora sin que haya conseguido sacarle prenda, decido no ponerme más a prueba y me abandono a la idea de absorber el grandioso paisaje que nos rodea.

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Los navajo son el pueblo indio más numeroso de los Estados Unidos, y su reserva, en el estado de Arizona, la más extensa del país. Un viaje por su territorio nos descubre el ancestral sentir navajo por la belleza de la geografía sagrada más espectacular del mundo.

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El oeste americano posee tal honda fuerza telúrica que no resulta extraño que los indios se sintieran hondamente agraviados cuando, primero los colonos,y luego el ejército federal, les arrebataron las tierras que desde siempre habían sido suyas. La intrusión “blanca” fue en la mayoría de los casos fatal, porque los indios norteamericanos -como todos los pueblos animistas- creían que la totalidad de su geografía estaba viva. Incluidas la tierra y las mismas piedras. Ni siquiera ellos se creían con el derecho de poseerla, pues pensaban que era la tierra la que, de hecho, les poseía a ellos.

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Desde que uno abandona Alburquerque se divisa ya la cumbre de la que es la montaña sagrada por antonomasia de los indios navajo, el monte Taylor. Su gran mole volcánica se eleva hasta los 4.400 metros de altura y supone la marca infalible que delimita la frontera meridional de la Reserva. El nombre del general que lleva es, por supuesto, impuesto pues los navajo siempre han mostrado más sensibilidad llamándola Tsoodzil o la Montaña Turquesa. Se trata del primer signo de que hemos llegado a la tierra de los navajo y de sus vecinos, los indios hopi. Para ambos, en la cima de la Montaña Turquesa se encuentra Maasaw, el espíritu que domina este mundo.

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En los albores del tiempo, Maasawinformó a sus criaturas que el mundo que les rodeaba no era precisamente un jardín del Edén. Había poco alimento,escasez de agua… Los hopi y los navajo entendieron con ello que habrían de vivir una experiencia más espiritual que material. Condición esta que ha modelado profundamente el carácter sobrio de estos pueblos, como lo hacen los silencios de Jock en el viaje.

Cuando empiezo a disfrutar del silbido del viento y del intenso olor a yuca que me ofrece los magníficos escenarios del desierto, mi navajo pone la radio y oigo a Cher cantando¡una balada sobre Jesse James!

MISTERIOS EN EL DESIERTO

Llegamos a las ruinas de Pueblo Bonito (Nuevo México). Jock me llevaal pie de las ruinas, pero se niegaen redondo a visitarlas conmigo. El rechazo de los navajo por visitar los restos de su pasado es inmemorial. Consideran que en ellos habitan fantasmas ancestrales… Como a sus muertos, lo mejor es dejarles en paz.

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Dejamos atrás Pueblo Bonito y la ruta nos lleva a Farmington donde secoge la carretera que cruza la frontera del estado de Nuevo México con la de Colorado. Aunque el cambio resulta imperceptible y el paisaje se resume a una monótona planicie desértica, el corazón nos da un salto cuando divisamos el Parque Nacionalde Mesa Verde. Probablemente la ciudad prehistórica más fotografiada de Estados Unidos, Mesa Verdees una fascinante ciudad fantasma erigida dentro de una gran formaciónrocosa de 24 kilómetros, que se eleva abruptamente 600 metrossobre el valle de Montezuma. Desdeella, la carretera estatal 160, o senderonavajo, nos devuelve a la Reservanavajo, entrando esta vez por el estadode Arizona.

EL SENDERO NAVAJO

Por el sendero navajo el monumental universo de este pueblo adquiere tal fuerza hipnótica que, avanzando por él, deseo vehemente que Jockno rompa la magia articulando palabra. Pero veo que se ha operado un cambio en su rictus mineral. Ahora parece que sonríe vehemente, mientras mira fijamente esa línea infinita de asfalto que tenemos delante, y lo achaco al hecho de que él está volviendo a casa. De vez en cuando aparece a lo lejos la típica cabaña de madera navajo o “hogan”, con su corral de ovejas, tan perfectamente asimilada sal paisaje que bien podrían ser producto del mismo. A los navajo no solo les encanta ser parte de esta tierra sagrada (recuerden, la tierra les posee a ellos), sino que además detestan ser molestados por individuos ajenos a ella. Siglos de intromisión y desconfianza mutua hacen que el visitante deba limitarse a lo que hago yo: absorber la belleza de cuanto merodea sin pedir más extras.

Los navajo son casi invisibles, pero la geografía en la que viven es una delas espectaculares del mundo.

Un centenar de kilómetros antes dellegar al poblado de Kayenta , se divisanpor fin el símbolo más conocido del territorio navajo: los impresionantes dedos de piedra del gran Monument Valley, en la frontera entre Utah y Arizona.

Aunque todo el mundo conoce Monument Valley por las muchas películas que aquí filmó el pionero John Ford con el patoso John Waynea caballo, la asimilación es cuanto menos pobre. Monument Valley es principalmente un cuadro estremecedor y bellísimo de taludes, agujas ysilencios donde el viento de los tiempos ha creado un paisaje que es, por ende, profundamente divino. Quienes no han tenido suficiente con ello, el “sendero navajo” todavía les llevaa las increíbles ruinas de Betatakin y Keet Seel, situadas dentro del “Navajo National Monument”. Para llegar allí se cruza la “tierra dócil” navajo,donde el viento ha creado cavidades en la roca que retienen la lluvia,formando islas de hierba y flores en un marco incomparable. La visita deBetatakin y Keel Seel puede realizarse a pie o a lomos de caballo, pero siempre con un guía navajo experimentado como Jock.

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Las casas de Betatakin se levantan en un cornisón de roca protegido por una escollera que sobresale. Datande 1250 y se cree que su construcción se interrumpió unos cuarenta años después. Las ruinas de KeetSeel se encuentran bajo una enorme saliente rocosa, serpenteada por una mesa de 300 metros de altura.Ambos lugares están absolutamente impregnados por la magia de sus antiguos pobladores, los anasazi, antecesores y enemigos de los navajo,cuya posterior desaparición sigue siendo un misterio ir resuelto.

GRAN CAÑÓN DEL COLORADO

La siguiente parada de este espléndido viaje es al Gran Canyon National Park, el más mítico de los Parques Nacionales de Norteamérica, popularmente conocido como Gran Cañón del Colorado. Yo le llamo el“cañón exquisito”, debido a su espectacular belleza. Aquí ponemos a prueba nuestra destreza: y es que nos enfrascamos en una aventura que, de verdad, hay que probar al menos una vez en la vida; descender a lomos de mulo –o caballo- por los escarpados y angostos sendero sen los que la naturaleza nos regala emociones únicas e irrepetibles.

Desde el alba al ocaso, los cambiantes colores del Gran Cañón, con su juego de luces y sombras, consiguen hechizar a quien lo contempla. Cuando sale el sol, sus rayos oblicuos despiertan primero el gris apagado dela caliza de North Rim y después, a medida que van descendiendo, los diferentes estratos polícromos de roca. Hacia el mediodía se hacen finalmente visibles, rojas como el fuego,las paredes del cañón. A medida que transcurre el día y que se aproxima el ocaso, se asiste al espectáculo inverso: las rocas multicolores van siendo cubiertas por las sombras y finalmente son engullidas por la oscuridad.Al ponerse el sol, el Gran Cañón se convierte en un abismo tenebroso y llega a dar miedo.

Finalizamos el viaje en la caótica Las Vegas. No podía ser de otra forma, claro. Y aunque durante el viajeapenas he oído el sonido de su voz,ahora comprendo que, gracias a su silencio, he podido escuchar el alientode las más sagrada y hermosa delas tierras. Donde siempre vivirá el sabio sentir de los navajo.

 

Oriol Pugés

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