Eslovenia – la Blancanieves de la vieja Europa

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Miro a José María como se mira a un loco al volante, “Hise so hisice, okna so okenka”. mientras avanzamos por la solitaria carretera camino de Ljubljana, la capital de Eslovenia. Y solo unos segundos después de haber escuchado la traducción (“las casas son casitas; las ventanas, ventanitas”) comprendo que con esta frase ha querido sintetizar la descripción del paisaje que nos envuelve.

Efectivamente, desde que hemos dejado atrás el aeropuerto nos abrazan llanuras verdes diseminadas de pequeñas granjas y colinas en la que despuntan en lo alto modestas capillas de campo en cuyas paredes encaladas reverbera el sol del atardecer.

“Es un verso de Oton Zupanzic” , dice. “Y una de las primeras frases que aprendí en esloveno”.

José María llegó doce años atrás y desde entonces ha quedado atrapado en este pequeño enclave; un punto geográfico que, antes de emprender el vuelo, me ha llevado cierto tiempo localizar en el mapa, agazapado entre los Alpes y el mar Adriático, al amparo de una frontera surgida en junio de 1991 tras una guerra de independencia relámpago contra el ejército de la federación yugoslava. Ahora todo emana sosiego.

Junto con José María, que se ha convertido en un magnífico cicerone, desglosamos las propuestas turísticas más atractivas del país. Mientras atravesamos poblaciones recoletas por cuyas calles los niños se dirigen en bicicleta a casa, me dice: “¿Es tu primer viaje a Eslovenia, verdad? Déjalo en mis manos…”. Llegamos a la capital a media mañana.

Desde que en junio de 1991 lograra su independencia, Eslovenia, antiguamente conocida como “la Blancanieves de la vieja Europa” y el estado más europeo de la ex-Yugoslavia, se ha abierto al turismo de placer y de negocios…

LJUBLJANA, UNA CIUDAD DE CUENTO

Para hacerse con una idea clara de cómo es la capital, lo mejor es subir al lugar más alto. En este sentido, Ljubljana nos lo pone fácil: Ljubljanski Grad, el castillo, es un extraordinario mirador que regala excelentes vistas. Del horror de aquellos tristes tiempos en que era prisión apenas queda nada. Hoy es un excelente lugar donde se celebran eventos y exposiciones, y cuenta con varios restaurantes y cafés. Si se sube a la Torre Vigía, nos llevaremos una fantástica panorámica del casco antiguo y nos daremos cuenta que estamos en una ciudad de dimensiones humanas.

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En efecto, Ljubljana es una ciudad europea de tamaño medio que conserva el carácter acogedor de un lugar pequeño pero al mismo tiempo dispone de todo lo que tienen las grandes capitales. Su población alcanza los 270.000 habitantes. En invierno es una ciudad centroeuropea somnolienta; en verano prevalece su carácter mediterráneo relajado. Dos rasgos muy distintos que, sin embargo, se combinan perfectamente: por una parte Ljubljana se conoce por su patrimonio histórico y su tradición, y por otra es, gracias a la edad de sus habitantes, una ciudad joven con un ritmo de vida moderno.

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La mejor forma de conocer la ciudad es buscando la huella de una de sus figuras insignes: Joze Plecnik (1872- 1957), el arquitecto esloveno por excelencia que supo importar lo mejor de la Viena imperial. Los eslovenos le deben mucho, sin duda. A mí, sin embargo, Ljubljana me recuerda a Praga. No sé, quizá por su pasado medieval…

ENTRE LAGOS ALPINOS

Pero si hay algo que caracteriza a Eslovenia es su desbordante naturaleza. Y para comprobarlo, nada como desplazarse hacia el lago Bohinj, al oeste de la capital. Situado en pleno Parque Nacional de Triglav, ya en los Alpes Julianos y muy cerca de Italia, probablemente no sea tan romántico como su hermano pequeño, en Bled, pero tiene otros encantos. Aquí se viene no solo a disfrutar de una naturaleza única, sino que es la meca de los amantes del senderismo y los deportes al aire libre. Que nadie se pierda el salto del río Savica. Es el más espectacular de todos. Con más de 60 metros de caída, la excursión parte de la misma oficina de información del parque, instalada junto al lago, y sigue un sendero –de los que ponen la piel de gallina- de nueve kilómetros. Tras la caminata, nada mejor que relajarse en la pequeña localidad de Stara Fuzina, en el mismo parque, puesto que ofrece una cálida acogida a quienes deseen pasar la noche en un típico pueblo alpino. Para el día siguiente, y para contemplar la mejor panorámica del lago Bohinj, habrá que acercarse hasta Ukanc y montar en su teleférico para subir a la cumbre del monte Vogel, el mejor mirador del parque.

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DÓNDE DORMIR

En Ljubljana. Grand Hotel Union (Miklošiceva 1,) Es perfecto. Confortable y muy bien situado, a escasos metros del centro histórico.

www.union-hotels.eu

Una buena opción para comer son las terrazas de la ribera del río. Para cenar, en uno de los restaurantes del castillo.

En Bela Krajina. En Podlog se ha inaugurado recientemente el Glamping Maleric. Son cuatro preciosos bungalows de alto standing con capacidad para cuatro personas (cada uno). Hermosas vistas al valle de Dragatus.

En Solcavsko. Tourist Farm Lenar. Familiar y muy confortable. Cocina típica de la región. El paisaje que rodea este hotel recuerda los escenarios de la popular serie televisiva “La Casa de la Pradera”. Es un paisaje fantástico.

MÁS INFORMACIÓN
www.visitljubljana.com
www.slovenia.info

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EN EL CASTILLO DE BLED

Muchos castillos hay en Eslovenia. Sin embargo, uno es de visita obligada: el castillo de Bled. Esta magnífica fortaleza es un nido de águilas sobre un despeñadero que se alza 200 metros sobre un lago alpino. Bled, el pueblo, es una postal y está situado a lo largo de la orilla del lago que, sin duda, es su principal reclamo. Las excursiones, el golf, los baños o las actividades náuticas lo han convertido en el gran objetivo de los viajeros. Un paseo bordeando el lago no supone más de dos horas y permite caminar entre arboledas de castaños y sauces de cuento de hadas. Pero no acaban aquí las sorpresas: en mitad del lago, la iglesia barroca de la Asunción ocupa enteramente la superficie de una pequeña isla. En la orilla más cercana, en el pueblo de Mlino, están amarradas las barcas de remo que permiten el trayecto entre el pueblo y la islita.

UN TESORO BIEN GUARDADO: BELA KRAJINA

Abandonamos el pueblo-balneario de Bled y nos dirigimos al sur, en dirección a Croacia. Nuestro objetivo es Crnomelj, una encantadora localidad que permite entrar en contacto con la cara más desconocida de Eslovenia.

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Crnomelj, con apenas 6.000 habitantes, es una pequeña localidad medieval enclavada en la comarca conocida por Bela Krajina. Aquí el turismo no ha llegado de forma tan masificada como en el resto del país pero guarda igualmente sorpresas muy agradables. El mejor ejemplo, el Parque Regional Lahinja. Un paraíso para los senderistas. Podlog, Butoraj, Zorenci, Bradci, Pusti Gradec, etc., son nombres impronunciables de localidades que aparecen de repente por entre los tupidos bosques del Lahinja y en los que merece la pena hacer una pequeña parada.

Los aficionados al kayak o al remo también están en el lugar adecuado pues pueden practicar su afición favorita en las tranquilas aguas del Kolpa, el gran río de la comarca. Fue en el año 2010 cuando la Comisión Europea lo incluyó en su lista de destinos EDEN (European Destinations of Excellence). Así es fácil entender porque el Kolpa es el principal reclamo turístico de Bela Krajina.

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LOGARSKA DOLINA, SOLCAVSKO

Los amantes de las emociones fuertes están también de enhorabuena. Eslovenia es el país de los desafíos deportivos, sobre todo aquellos en los que la montaña es la gran protagonista. Gente de todas las edades remonta escarpados caminos, que se pierden por los bosques que cubren las pendientes. Inspiran el aire tónico y descansan a la sombra de venerables hayas, alerces, pinos y abetos. Y es que, en cualquier caso, los montes eslovenos nos son montes cualesquiera. Un momento estelar de nuestro viaje es cuando se llega a la pequeña localidad de Solcava, el corazón de la bellísima región de Solcavsko y destino incluido también en EDEN. Enmarcada en un escenario de película, desde aquí se organizan múltiples actividades deportivas; la más popular tiene que ver con la subida a la montaña de Okreselj. No es difícil, aunque a menudo debe uno aplicarse “a tope”. La recompensa, ya en las alturas, es fantástica: se domina un horizonte de puntas escarpadas y de cimas que compiten unas contra otras para alcanzar un cielo de un azul cegador…

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DÓNDE CELEBRAR EVENTOS

El turismo de negocios es un foco importante en la promoción turística internacional de Eslovenia. La Secretaría de Turismo del país y los diversos Convention Bureaus realizan diversas actividades para posicionar a Eslovenia en el escenario mundial de los congresos y reuniones. Por todo el país (Bled, Portoroz, Maribor, Ljubjana) existen diversos espacios donde se pueden celebrar congresos con una
capacidad de hasta 2.000 personas. Eso sí, preparémonos para una auténtica experiencia de variedad cultural, etnográfica y gastronómica en medio de escenarios especiales: en los cascos antiguos de la ciudad, en los salones de los castillos, en los museos, galerías, minas…

He aquí algunos ejemplos:

El Centro Cultural y de Congresos Cankarjev dom y el Castillo (ambos en la capital, Ljubljana). www.visitljubljana.si

Gruta de Postojona – Palacio Jamski dvorec. En el palacio, junto a la entrada de la famosa gruta, se pueden realizar eventos para 300 personas. www.turizem-kras.si

Brdo pri Kranju – Centro de Congresos. Es el escenario de los encuentros más importantes, ya en los Alpes.

Bled, con su idílico lago y su castillo medieval, ofrece la sala Festivalna dvorana.

Los centros wellness eslovenos con las salas de conferencias de diferentes capacidades son también una excelente elección para combinar encuentros profesionales y programas de relax. Las ofertas más importantes se encuentran desde el noreste haca el sudeste, desde los que poseen una pátina histórica hasta los de la moderna arquitectura del siglo XXI. Más información: www.slovenia-convention.com

CUÁNDO IR
El verano es una buena época para realizar este viaje, pero en otoño y en primavera las temperaturas son más suaves, alrededor de 18 grados Celsius.

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QUÉ NO DEBES PERDERTE

Castillo. El principal símbolo de la capital.

Vistas excelentes. Puente Tromostovje (Tres Puentes). Elemento peculiar dentro de la arquitectura de Ljubljana. Es un puente formado por tres pasarelas.

Plaza Preseren. Dedicada al famoso poeta esloveno. Rodeada de números cafés y terrazas.

Puente de los Dragones. Estos animales míticos son un símbolo que se repite en la ciudad. Según cuenta la leyenda, las grotescas figuras que decoran el puente mueven la cola cada vez que una mujer virgen la atraviesa.

Catedral de San Nicolás. Dedicada al patrón de los barqueros y pescadores.

Río Ljubljanica. Para contemplar la ciudad desde una barca, o tomar un café en alguna de las terracitas en su ribera.

Mercado de Plecnik. Con su preciosa columnata, desde él se accede a las plazas Pogarcarjev y Vodnikov, donde se celebran mercadillos al aire libre.

Museos. Hay varios: el National Museum, la National Gallery, Museo de Arte Moderno.

Callejones casco antiguo. Sus viejas residencias y suelos adoquinados conservan la atmósfera de tiempos pasados. Es como retroceder unos siglos.

El lago Bled. 60 kilómetros al norte de la capital está Bled, un pueblo de tradición balnearia. Su mayor atracción es el castillo, del siglo XI, y el lago que lo circunda. En invierno, en las montañas de Bled se practica el esquí alpino.

Parque Nacional Triglav. En el corazón de los Alpes Julianos. El Centro de Información del parque está en Bled. Se organizan rutas a pie o a caballo, excursiones en kayak, etc., por el parque y se aconseja sobre el alojamiento.

Bela Krajinav. Resulta muy cautivador porque es la zona menos visitada por el turismo. Atracciones, desde luego, no faltan: el Parque Regional Lahinja, el rafting por el río Kolpa, y las localidades que salpican la zona son paradas obligadas del viaje.

Solcavsko. Es la meca para los aficionados al alpinismo y todo lo que tiene que ven con actividades al aire libre: rutas en bicicleta, golf, etc. Múltiples senderos salpican esta región montañosa. Una bonita excursión es subir al refugio del monte Okreselj. No es difícil pero son cinco horas de subir y subir. El esfuerzo vale la pena.

Oriol Pugés

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