Spiderman contra Peter Parker

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FERNANDO CUESTA

Fernando Cuesta
Adjunto al Director General y Director
Comercial de Amadeus España

 

 

Retrasos, cancelaciones y otros problemas sin aviso… El agente de viaje se convierte en superhéroe cuando ocurre lo extraordinario. Pero es en el día a día cuando nos muestra su valor.

Internet tiene la virtud de poner las cosas patas arriba. Crea necesidades que nunca antes imaginamos, hace surgir empresas de la nada y obliga a otras a reinventarse. Sin embargo, superado el vértigo y viendo las cosas con más calma, uno se da cuenta que lo que hace Internet es en realidad mucho más sencillo.

Y más complicado al mismo tiempo. Internet obliga a profesionales, empresas y sectores a redefinir su valor. Por eso, quienes eligieron como ventaja competitiva un procedimiento o un servicio accesible hoy en día en Internet de manera autónoma, pueden estar viviendo su particular drama.

Imaginen que fuera cuestión de cada empresa habilitar la tecnología y los recursos destinados a gestionar el viaje.

Las agencias de viaje son, hoy en día, uno de tantos sectores en plena redefinición de su modelo. Desde que la reserva y la emisión de billetes no entrañan misterio alguno para el común de los viajeros, la industria ha tenido que evolucionar para convertir a sus profesionales en asesores capaces de acompañar y de guiar a sus clientes en todas y cada una de las fases del viaje.

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En el caso del viaje corporativo, el agente de viajes del futuro será un gestor del tiempo que transcurre el empleado fuera de su lugar habitual de trabajo. Y digo gestor del tiempo, y no gestor del viaje, porque estos profesionales están llamados a convertirse en especialistas que prestan asistencia en los momentos de ocio y de trabajo, de conexión y desconexión, en un contexto en el que el negocio (business) y el ocio (leisure) se entrelazan en ese territorio que hoy llamamos bleisure.

De este modo, el valor de la agencia de viaje seguirá siendo clave en la gestión del tiempo: esa gestión de los desplazamientos más complicados y cuando sea preciso responder ante los cambios de última hora, las incidencias o los imprevistos de cualquier tipo.

Junto al superagente de viajes, preparado para intervenir cuando las cosas se tuercen, está el agente del día a día.

Pero no solo entonces. Porque junto al ‘superagente’ de viajes preparado para intervenir cuando las cosas se tuercen, reubicando a víctimas de retrasos y cancelaciones o logrando, a veces contra todo pronóstico, que nuestro viajero llegue a tiempo a esa reunión crucial o a su casa, está el agente del día a día. Ese, que con el apoyo de la tecnología y sin que a veces medie palabra entre él y su cliente encuentra la mejor opción entre cientos de vuelos de cientos de aerolíneas; garantiza la disponibilidad del asiento y de la tarifa contratada; cambia o anula billetes, horarios o servicios auxiliares; aplica tarifas corporativas; soluciona posibles discrepancias con la aerolínea; coloca a nuestro viajero en una lista de espera de otra aerolínea si fuese necesario; envía itinerarios, propuestas de viaje, alertas, notificaciones…

El valor real de todo esto es algo que cada Travel Manager debe sopesar y decidir. Pero imaginen, por un momento, que fuese cuestión de cada empresa habilitar la tecnología y los recursos destinados a realizar estas tareas, al fin y al cabo tan comunes, aerolínea por aerolínea…

Personalmente, lo tengo claro. Me quedo con ese agente de viajes que no solo demuestra su valor en la emergencia, sino precisamente en ese día a día que es la música de fondo de nuestros viajes y, por extensión, de nuestros negocios.

 

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