Míster W. Jones, viajero del futuro

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El viajero del futuro no se desplaza en el tiempo ni forma parte de la ciencia ficción. El viajero del futuro usará una tecnología que ya llama a nuestras puertas.

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Mr. Walter Jones llega con tiempo de sobra al recinto del aeropuerto. Durante el trayecto ha ido repasando los últimos detalles de la presentación a su cliente en la pantalla de su coche autónomo. Mr. Jones considera una verdadera suerte que podamos delegar algo tan complejo como la conducción a robots y máquinas infinitamente más precisas y fiables que el ser humano…

La barrera del parking se levanta automáticamente tan pronto el sistema de radiofrecuencia intercepta el coche. No ha y ticket ni botones. El billete omnimodal que reservó la semana pasada Mr. Jones a través de su herramienta de auto-reserva de última generación le permite tener integrado en un único registro de viajero todos aquellos servicios que va precisar en su desplazamiento: desde el aparcamiento del aeropuerto hasta el taxi que le llevará al hotel y, al día siguiente, a la oficina de su cliente. Atrás quedó el dinero en efectivo y la tediosa tarea de reportar los gastos.

La tecnología nos une a todos y hace posible lo imposible.

Una vez en la terminal, Mr. Jones, activa sus lentillas de realidad aumentada para encontrar fácilmente el camino hasta su puerta de embarque. Una ligera vibración en su antebrazo le detiene. Hace algunos años los smartwatches dejaron paso al nuevo y definitivo wearable…. la piel. Una finísima epidermis artificial que, colocada sobre el cuerpo, hace las veces de pantalla e interfaz de acceso a programas y aplicaciones. En este caso, el antebrazo de Mr. Jones le avisa de que, antes de embarcar, ha de felicitar a sus padres por el aniversario de su boda. Basta un ligero toque en la pantalla de su brazo para activar el sensor de su oído y establecer la comunicación. Apenas concluye la conversación, el sistema telefónico, que ha reconocido la palabra “felicidades” activa la alerta que permite a Walter Jones, con una sola palabra, encargar unas flores.

El acceso al avión ya no es lo que era. Los últimos avances en biometría han convertido los controles de seguridad, literalmente, en un paseo. No hay largas colas ni molestos registros. Se acabó el estrés del viaje. Incluso en el improbable caso de un retraso, la cancelación de un vuelo o un cambio inesperado de puerta de embarque, la incidencia desencadenaría una serie de alertas automatizadas y el mensaje instantáneo –o la llamada, dependiendo de la gravedad del asunto— del asesor de viajes de Mr. Jones.

Ya en destino, taxista y cliente se encuentran gracias a la tecnología de geolocalización y reconocimiento facial. Mr. Jones tendrá la oportunidad de puntuar al conductor de acuerdo con la calidad del servicio recibido en la red social corporativa de su empresa, para que el resto de colegas, el travel manager y el asesor de viajes tengan siempre conocimiento actualizado de los mejores proveedores.

Solo el valor de la interacción humana y el papel de la tecnología serán la constante.

En el hotel, Mr. Jones recibirá la bienvenida con un vaso de su refresco favorito a pesar de que es la primera vez que se aloja en él. Y será conducido a una habitación que abrirá con su huella dactilar y que estará equipada con la almohada, el colchón y los amenities que mejor se adaptan a sus necesidades.

Por el ocio no hay que preocuparse. La disponibilidad en la nube de todos los archivos, profesionales y personales de Mr. Jones hará la velada mucho más cómoda. En la pantalla de la pared podrá charlar con la familia en videoconferencia y, más tarde, continuar viendo su serie favorita en el punto justo donde la dejó ayer.

Para el viajero del futuro, muchas cosas han cambiado. Muchas. Pero dos de ellas continúan siendo exactamente igual: el valor de interacción humana con el cliente y el papel de la tecnología, uniéndonos a todos y haciendo posible lo que creíamos imposible. Incluso este breve relato.

Fernando-Cuesta

Fernando Cuesta
Director General de Amadeus España

 

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